El mundo es un lugar maravilloso, por eso cojo una escopeta y la llevo a mi boca. Después de un rato, entre vacilar y acariciar el gatillo me digo que antes de disparar tendré que hacer algo realmente interesante. Veo por la ventana y apunto imaginariamente a la gente con el dedo, hago bang bang bang innumerables veces. El sentimiento trágico de la vida, la soledad de los infames, las rosas enamoradas del abono. Recuerdo un día feliz en mi vida, la armonía, complicidad familiar, buenos deseos, valores en alto. Un día en el parque, sonriendo y besándome con una novia. Los días de paseos interminables con mis únicos dos amigos sobre la tierra. Y de repente disparos. Nada tiene sentido en este momento. Un monumento hecho de escombros humanos. Animales llorando de hambre y frío. A lo lejos una luz que no me llama, y nadie pronuncia mi nombre. Un amigo muerto, dos perros ladrando y muchas moscas cerca del cadáver. Me río un poco, por puro compromiso. Arqueo las cejas y dejo la escopeta sobre la cama. Me digo que si voy a disparar tendré que estar en óptimas circunstancias. Dejar de pensar debe ser una de las sensaciones más satisfactorias del ser humano, sino, no me explicaría por qué nos encanta desconectar nuestra mente y dormir. Mil mariposas me esperan después del certamen. Voy al baño y lleno la bañera con agua. Luego me desnudo y entro en ella. Abrazado por el líquido, me abruma tanta nobleza. Me enjabono y me hundo en la bañera hasta no aguantar más el aire. Los demonios se evaporan dentro del agua fría, los ángeles tocan canciones lúgubres... Me encuentro demasiado cómodo y bien, pero no me importa. Y si todo va bien, por qué, entonces, ¿morir? Estoy a punto de desertar mi propio suicidio, pero entonces suena el teléfono. Me reincorporo desnudo y mojado, camino por el pasillo a pie descalzo y cojo el teléfono. Es mi madre la que me habla, y empieza a quejarse de mil nimiedades y tonterías que sólo podrían afectarle a ella. Escucho y callo, y como venganza, me digo, no le dejaré ninguna palabra de despedida. Sigo escuchando, respondo con monosílabos, eres un demonio con el pelo largo. Después con un seco "no" me despido y vuelvo a la bañera. Luego me entra una pena profunda y desoladora. Intento relajarme, pero me tiembla el pulso. Gesticulo un puño, arqueo los hombros, y voy a la habitación. No siento indiferencia, sólo estoy aterrado. Y mientras me visto, cojo una chaqueta antigua que me obsequió un amigo. También cojo unas gafas de sol y una gorra. Salgo a la calle sin ninguna esperanza sobre la vida, ni tampoco con un objetivo claro, pero (...) Son las 3 de la mañana y me despierto de súbito. Mil memorias atosigan mi frágil mente, sin embargo intento esquivarlas. Hace una madrugada fría y apacible. Todo el mundo está durmiendo, nadie sospecha de mí. Me asomo por la ventana, y respiro aire puro. Luego voy a la cama, y de debajo de ella saco algo. Arrastro la escopeta hasta mi pecho y me siento en el sofá negro que tengo en la habitación. Pero lo pienso dos veces. Tomo una decisión importante. Me precipito hacia la puerta de casa y salgo. Subo las escaleras hasta estar en la azotea de la urbanización. Me siento con las piernas cruzadas y deposito la escopeta a un lado, sobre mis piernas. Y empiezo reflexionar sobre todo lo que había sido mi vida. No me alarmo, ni me contradigo, ni tampoco me sobrecoge ningún sentimiento de tristeza. Luego viene a mi mente un sonido. Y me tumbo boca arriba a esperar a que el tiempo pase y se haga de día. Entre el sueño y la vigilia me encuentro disfrutando de mis últimas horas. Me lamo los labios y suspiro cansado mientras la noche parpadea y de un momento a otro toda la oscuridad se disipa. Veo un hermoso amanecer rojizo y naranja. Veo nubes imposibles y cómo sopla el cielo sobre sus propios párpados. Me sonrío, pienso en el último adiós, en la levedad de los propios problemas, de haber amado poco, de haber odiado con mucha intensidad, en las sobras de la cena, en los animales muertos de pánico ante un ruido fuerte;... pienso en todo lo bueno del mundo y no me es suficiente, pienso en la decepción, en el amor fallido, en las vísceras, en colmillos y fauces, en toros aplastando cráneos, en cocodrilos tragando animales, y serpientes inyectando veneno... llevo la escopeta a mi boca. Dejo de pensar en todo, respiro pesadamente. Escucho un grito desesperado desde casa, me pongo muy triste, me tiembla el pulso y cuándo logro ver una sombra aproximándose desde la puerta de la azotea mi dedo se desliza y presiona el gatillo.
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