Me levanto de buen humor y con una risa incontrolable. No podría estar más contento, pero mi risa es tortuosa, casi como un lamento. Me digo que hoy será un grandioso día y cojo una escopeta y me la llevo la boca, pero me río, y así no hay quién se tome nada en serio. Salgo de casa a dar un paseo, me encuentro con un funeral y me río; luego con gente muy triste porque han atropellado a un gato, y me río; más tarde con otra gente que sufre en silencio mientras camina cabizbaja y me río. Vuelvo del paseo y me encuentro con mi padre, que me saluda serio y con una risa le digo, qué tal padre. Me llama mi madre por teléfono y me río. Sigo riendo hasta que llego a mi cuarto y vuelvo a coger la escopeta y me la llevo a la boca y me río de nuevo. Y mientras suena el timbre, la gente pasea, las plantas beben agua sucia, y el cielo no se mueve, entre risas me pego un tiro.
No hay comentarios:
Publicar un comentario