miércoles, 12 de mayo de 2021

Paranoias y asfixias

 Ni el silencio, ni el ruido me representan. Y desde el abismo que caí todo se llena de oscuridad. El clima es insoportable, el cielo está gris. La gente camina hipnotizada. Dentro de mí un agujero tosco, y sangre amarilla. No es un lamento, es la disección de un grito. Los gigantes devoran media humanidad. Dentro de casa no hay nada que me alivie. Y cuándo pienso en todo lo que significa la vida me retuerzo de risa. Pongo una expresión desencajada de pálido frío y ojos en fuego, los labios se me contraen y empiezo a temblar en medio de la ciudad. Pánico y asfixia, morir atragantado con un trozo de manzana, morir sin poder pedir ayuda. Si al menos no me diera miedo tragar un trozo de manzana, todo sería más digerible. Miedo que toda la gente que conozco se atragante a la vez. Arcadas y flores. En medio de la tempestad un rugido humano desesperado por no ser devorado. Los días suceden a los días, y así, todos los mismos santos días. Maldigo.

Mis manos son cuervos, y con ellas me sacaré los ojos. Picotearé mi nariz hasta arrancar el cartílago moribundo y seré un monstruo. Camino cabizbajo por la ciudad mientras concibo una existencia menos dolorosa. Llevo algunas monedas en el bolsillo así que decido ira ver a los vagabundos. Por el camino compro un paquete de cigarrillos. Llego a la plaza dónde suelen reunirse y veo que están M y N. Saludo desde lejos y voy a un supermercado, me compro un litro de cerveza y una botella de vino. Llevo en el bolsillo un abrecorchos. Me siento al lado de M, y le digo, tenga es para usted. Se alegra y me sonríe, que cómo estoy, que dónde he estado. Niego con la cabeza, no hay mucho qué contar. Mientras M bebe tragos largos a la cerveza, abro el vino. Y saco los cigarrillos y se los doy. Le digo que los cuide hasta la noche, que sobre las 10 me voy a casa. Lo entiende, agradece y asiente con la cabeza. Luego me acerco a N, y le ofrezco un poco de vino, y él con viva sonrisa acepta y bebe unos tragos mientras se me acerca, ebrio de droga y de alcohol y me dice que soy un príncipe hermoso, que se va a echar a llorar, que si le quiero, que vive en la calle, que está harto de todo. Luego me muerde a la altura del hombro, y le sonrío, le digo que la vida es horrible, pero que al menos tenemos vino. Y dice que sí, que tenemos vino, y bebemos juntos mientras Mario bebe como un señor su litro y el tiempo se va haciendo cada vez más acogedor. Suenan las campanas de la iglesia, y no hay nada que me importe más que estar sumergido en ese fango humano. Las decepciones, el cansancio, la irresponsabilidad, un mal comentario, un coche atropellándome de madrugada. Una ambulancia, una navaja, veinte pastillas, ganas de saltar desde la azotea, de tener un revólver y reventarme la boca. Bebemos hasta embriagarnos y mientras él saca un porro y me dice que si quiero, le digo que sí, me acerco a M y le pido un cigarrillo. Lo enciendo y no hay nada que nos pueda alejar de la tierra que no sea fumar con buenos amigos. El mundo es un desastre, nada puede perdonarme el pecado de haber nacido.

Mareado me tumbo de espaldas a la pared y me dejo deslizar hasta llegar al suelo. N se tumba también y me dice que tenemos que escuchar música. Saca su teléfono y pone canciones de rock antiguas. Mientras me cuenta mil tonterías de sus años jóvenes. Pero de golpe me maldigo a mí mismo perdiendo el tiempo. Pienso en los días que devoran días y me aterrorizo. Me levanto confundido. Me despido de la gente y empiezo a caminar. Por el camino pienso en flores mientras me entran arcadas por haber bebido tanto vino. Y sueño conque me atraganto con mi propia lengua. Siento frío, estoy pálido y mis ojos arden entre lágrimas. Tengo un grito mudo en el interior de mi garganta que no quiere salir. Camino hipnotizado y cansado. Pensando dónde caerme muerto. Llego a casa y veo a mi padre durmiendo en el sofá, no hago mucho ruido y voy hasta mi habitación y me tumbo en la cama.




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