sábado, 8 de mayo de 2021

Pinchazo

 ¿Para qué vivir si todo me aburre y nada me representa? Ni siquiera los más torpes especímenes de la humanidad pueden conmigo. Todo me da vueltas, mientras intento encontrarle algún sentido a los caprichos de la vida. Suena la alarma y todos los enfermos nos levantamos marchando entre esas paredes amarillas. En turnos nos duchamos en los baños comunitarios. Nos dan ropa limpia y gel para el cuerpo. Sigo enfrentado a un inútil que en la cena se puso a decir mil estupideces sobre mí. Después de estrujarle la cara contra la bandeja de comida me han pinchado tranquilizantes y he dormido toda la noche del tirón. Hoy le veo por los pasillos y no nos decimos nada. Cada uno a lo suyo, pedazo de escoria. Las duchas han ido bien, no llegué demasiado tarde a la repartición de la ropa, así que encontré un pijama cómodo. Hoy tengo entrevista con la psiquiatra. Suspiro un poco cansado y me pongo a andar por los lamentables pasillos que tiene la planta. Si algo me diera esperanzas y me representara podría hacer de mi existencia algo menos infeliz. En los paseos pienso en lo inevitable que es deprimirse, aburrirse y cansarse de la misma dinámica abusiva de la vida. Llego al taller y empiezo a escribir una carta, pero no me gusta del todo y termino tirándola a la basura. Allí los enfermos dibujan, pintan, se sinceran y están en total calma y acogidos por dos o tres celadores que se preocupan de verdad por ellos. No es una situación dramática. Después me llama la psiquiatra y me dice que si le acompaño. Accedo. Caminamos cruzando la puerta de cristal y entramos en su despacho. Allí me pregunta si quiero agua, pero niego con la cabeza. Me siento con las piernas cruzadas y me relamo los labios antes de hablar. Me pregunta que si sé por qué estoy allí, entonces comienzo:

"Sé que estoy aquí por unas desafortunadas circunstancias, pero no intente venderme nada, la verdad es que todo me aburre y nada tiene significado para mí. Mis relaciones familiares están rotas, mis relaciones afectivas también. Mis relaciones sociales no existen. Llevo con pesadumbre el paso del tiempo. La gente no me causa empatía. Veo hasta el hartazgo cómo buenas personas terminan siendo infelices. Y veo a gente cruel consiguiendo sus objetivos. No espero nada de la vida, sino acaso morirme. No tengo prisa, pero también estoy ansioso. Deseo ser un cadáver de piel seca. Deseo ser una calavera en una tumba. Y no siento el más mínimo respeto por usted. Para mí usted es como si no existiera. Nada de lo que pudiera decirme podría esperanzarme o tranquilizarme. Por eso creo que usted debe morir. Creo sinceramente que lo único que me daría paz es verla con los ojos inyectados en sangre mientras la estrangulo. Me gustaría verla temblando mientras se le salen los ojos de las cuencas. Me gustaría sentir su terror y alimentarme de sus últimos alientos en la tierra".

Luego veo el rostro de espanto de la psiquiatra, me sonrío y le digo que no se preocupe, que era una broma. Pero no me cree, presiona el botón de auxilio y un grupo de forzudos rojos aparece. Les cuenta que le he amenazado de muerte. Me quedo inmóvil, sin esperar nada. Y entonces los forzudos me cogen de las muñecas y otros más de los hombros y me escoltan hasta la habitación. Allí me vuelven a pinchar sedantes y me atan de pies y manos. Y mientras me dejo dormir sólo pienso en el rostro de aquella mujer, petrificado mientras me hago enorme y sublime. Mientras le ensucio un poco el oído y no queda nada más que infundado terror.


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