jueves, 9 de septiembre de 2021

La Sucia

 Sucio y drogado de sueño me levanto del letargo con fervor y ansiedad. Me pongo manos a la obra para cometer mi venganza final. Pienso en que será un viaje largo y accidentado, pero no me importa, soy libre al fin. Cogeré una chaqueta grande y un puñal oxidado. Me relamo, voy a la ducha y afeito mi cabeza, también la barba y quedo lampiño, recién salido del psiquiátrico de mi casa. Me muerdo los labios y entre espasmos de gloria y felicidad proyecto mi imagen como un hombre de negocios antes de acostarse con una puta. Me vanaglorio, estoy ansioso y sediento, hambriento y alterado. En un brote de manía perpetuo, para perpetuar mi especie. Camino hasta dónde sé que suenan timbres y adolescentes. No me podéis parar, escorias humanas, soy invencible. En mi bolsillo guardo una navaja con cuidado y esmero, casi enamorado de ella. La voy a volver a ver y ella caerá de rodillas suplicándome por su vida. No me podéis parar, soy inmenso y colosal. De mi voz un monstruo, de mi boca odio, y entre mis dientes sangre y encías marcadas por el humo. Respiro hondo y llevo gafas de sol. Estoy radiante, perfecto, hermoso, sublime y gozo de mala reputación. Ha sido una decisión fácil, no me importan las consecuencias, voy a ir a muerte. La simbología de los ebrios y los tuertos. Veo a lo lejos a esa persona que tanto ansío finalizar. Sonriente, y torpe, seca, vieja, arrugada, con labios de ano, y ojos de ceniza. Me sonrío simpático y comprensivo, agradable y rechoncho. Hinchado en felicidad. Me acerco lentamente, como un animal asechando. Y entre los ruidos del día llego hasta su espalda. Siento su sangre y su respiración, luego pienso: no debiste ir tan lejos. Después clavo el puñal varias veces hasta quedar exhausto, y con un hilo de voz gimo: ¡Te amaré toda la muerte, sucia!


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