Cuándo no duermo una sensación de irrealidad me recorre el cuerpo. Desde la cabeza, hasta mis propios ojos. Encuentro en toda esa irrealidad una respuesta sólida ante la insoportable realidad de la que participo. En realidad sólo soy una criatura muy solitaria que necesita cambiar de vicios. Porque cuándo veo la realidad con mis ojos no encuentro otra cosa que no sea polvo y huesos machacados. Estoy en un cuarto sin ventanas ni salida. Mientras cada mes escucho las mismas palabras y termino bajándome los pantalones y esperando el aguijón de metal. El colérico picotazo que me duerme y convierte en una especie suerte de lisiado mental y vicioso consumidor de canciones obscenas. Entre vídeos porno y tragos de café me descubro a mí mismo absolutamente incompleto. Sin identidad. Extraviado. Y terriblemente malacostumbrado. Todo esto tiene una importancia vital para mí, porque la embriagante sensación que me recorre alimenta los puntos ciegos en los que soy inmortal. Ligeramente, pero intensamente. No creo que pudiera vivir sin estos descansos sublimes. Me veo a mí mismo reflejado como una identidad superior que se vanagloria y regodea en su propio estropicio. Pero a su vez mantiene una nobleza inmóvil. Sé que lo que me están pinchando me está matando por dentro, también me he planteado dejar de fumar. Pero estoy demasiado absorto y enamorado del vicio de fumar. ¿Existe algo que pudiera respaldar mi posición sobre la vida y mis desafortunados accidentes psiquiátricos?
No hay comentarios:
Publicar un comentario