lunes, 16 de agosto de 2021

Vacío, nostalgia y probablemente una carta de suicidio

 Miro por la ventana con rostro obsceno el asfalto, luego me imagino resbalando y cayendo. Los días no están bien, todas las relaciones que pudieran haber en el mundo son espejismos de días mejores. Mis amigos son adictos al porno o adictos a la tristeza. No me sirven, entre quejidos y sollozos, no me sirven, son más bien escoria que no sé muy bien por qué abrazo tanto tiempo. Mis padres son bochornosos y minúsculos, casi una broma de mal gusto. Mis relación con mi único enlace de sangre es tortuoso y descabelladamente cínico y cruel. Casi como un castigo absurdo. De entre los escombros que es la vida sólo rescato algunos momentos de felicidad y de absurda lucidez. Tampoco tengo mucho ánimo para hacer nada, ni siquiera tengo ánimo para aburrirme, sólo quiero explotar y desaparecer. No albergo esperanzas ni deseos humanamente saludables. Me imagino a la pobre E* masturbándose como un mono, con los dedos rojos de tanto frotarse, mientras se muerde los labios y pone cara de psicópata. Me hace gracia, me hace reír este tipo de pensamientos sórdidos. Hago un repaso mental por todos los episodios de mi vida, y pienso, qué desastre, menudo aburrimiento. Mi madre ha convertido lo que podría ser un buen proyecto en una competencia descarnada por ver quién de los dos hijos consigue trabajo primero. Y sé con tanta certeza que tengo que ganar esa competición tan repugnante. Si al menos tuviera una compañía saludable, me quiero despedir del mundo y de todos sus miserables y asfixiantes acertijos. Como si no tuviera la libertad de vomitar cualquier cosa. Como si fuera todo una burla, ¿que nos queda cuándo todo es vacío y nostalgia? Nada de provecho, todo es tan excesivo. Como disparar a una araña con una escopeta. Me despido del mundo de esta forma tan lamentable, pero regodeándome en mi propia mugre. Como si este último e intenso acto fuera a cambiar algo. He perdido el hábito y la buena fortuna de escribir, tampoco me arrepiento, en realidad, es mejor así. Duele menos despedirse. Estoy enfermo de la cabeza. Todo me aburre nada me divierte. No tengo una sonrisa socarrona y sublime en mi rostro. No tengo los dientes afilados, ni los ojos de un loco. Sólo tristeza, cansancio, náusea y desesperación. Mientras me como las uñas de las manos me veo a mí mismo arrancándomelas de cuajo. Todos mis amigos son unos imbéciles, si al menos hubieran sido lo suficientemente fuertes, no esos mequetrefes asustadizos. Estoy harto de todos vosotros, no quiero saber nada de ustedes, seguid llorando por ahí, follando cuándo alguna desesperada asoma el rostro, no sé, lo típico que hacéis, nada me despierta interés. Todo es tan lamentable que me escupe a la cima de la exploración humana. Entiendo todo este pesar, pero no comprendo por qué a mí. ¿Tan malas decisiones tomé a lo largo de mi vida?

No hay comentarios:

Publicar un comentario